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Trump, Hillary y la nueva generación de bots.

K-Bits: Ciencia y Tecnología.

Por Raquel Torres Peralta

Trump, Hillary y la nueva generación de bots.

Aún no nos reponemos del asombro. Trump ganó las elecciones de Estados Unidos, pese a casi todo pronóstico. Una elección sin precedentes, compleja, intensa. Una guerra en medios electrónicos que hizo uso de la tecnología, la minería de datos y por primera vez en la historia, de la inteligencia artificial, hecho que pasó prácticamente desapercibido.

No es ningún secreto que antes de lanzarse a la candidatura, Trump realizó una exhaustiva “investigación de mercado” para conocer bien a los que serían sus seguidores. Las técnicas de minería de datos le dieron (así como a Hillary) bases para su estrategia, pero eso no es nada nuevo. La aportación de esta campaña tendrá repercusiones no sólo en la política y en lo social, sino que ha revolucionado el modo de hacer campañas en redes sociales, especialmente en Twitter.

Conceptos básicos

Twitter es una de las redes con mayor influencia en la población. Todos los usuarios publican sus contenidos (tweets) en modo público, de modo que la información es visible para cualquiera que quiera accesarla. Esta facilidad la marca como una herramienta para “medir el termómetro” de la sociedad, pues hay herramientas que nos indican de qué se está hablando y el uso de hashtags marca las tendencias y preferencias en una comunidad. Por ejemplo, si una de las tendencias más fuertes es #NeverHillary, uno tiende a pensar que la mayoría de los tweets son contra la candidata, y por ende, hay una preferencia por Trump. Esto sería cierto si las cuentas y los tweets vinieran sólo de personas, pero no es así. Existen herramientas para generar “bots”, cuentas que twitean de manera automática contenidos pre-fabricados o hechos al vuelo por herramientas que cualquiera que tenga nociones de programación puede usar. Sin embargo, son fáciles de identificar, o al menos, así era hasta ahora.

 

Bots, bots everywhere

El uso de bots en campañas políticas no es nada nuevo.  Lo vimos con Peña en el 2012, con Guillermo Padrés (fué una de las marcas de su sexenio) y otras campañas a nivel mundial, pero era relativamente fácil filtrar los tweets no genuinos de los que sí lo eran. Una de las características de un bot es su altísima productividad. Un bot puede twittear miles de tweets por hora, pues una de sus funciones es posicionar un tema o hashtag por volumen, ahogando las conversaciones genuinas haciendo que los temas reales se pierdan en un mar de tweets artificiales. Otra particularidad es la falta de variabilidad en el contenido de sus mensajes, o centrar su estrategia en retweets persistentes (retwittear miles de veces el mismo mensaje), entre otras características menos significativas. Todo gobierno tiene sus bots, así como todo partido o movimiento político, y son la herramienta más socorrida por los asesores de redes sociales que prometen resultados de corte cuantitativo (en números) que en cualitativo (efectividad).

 

Bots inteligentes

No pasó mucho tiempo para que los asesores de redes sociales hicieran equipo con los expertos en inteligencia artificial y dieran vida a una nueva generación de bots, que no sólo se dedica a tuitear contenido predeterminado, sino que genera sus propios contenidos y hasta puede involucrarse en conversaciones con detractores y defender a su candidato, a tal grado de poder convencer a alguien que se encuentra indeciso. Estos bots mimetizan los hábitos de los humanos, que toman breaks para comer y dormir  y no producen cantidades exorbitantes de tweets haciendo su identificación más difícil (y, eventualmente, casi imposible). En lugar de tener varios bots twiteando miles de mensajes, se tienen miles de bots tuiteando decenas de mensajes, alterando la percepción de los usuarios de la red, de los medios, de las autoridades y  los observadores internacionales sin ser detectados.

Uno de los primeros intentos de bots inteligentes fue @TayandYou, el bot inteligente de Microsoft, que se entrenaba con las mismas interacciones, pero al cabo de unas horas se volvió racista y se suspendió experimento. El MIT hizo su propio bot entrenado con textos del mismo Trump (@DeepDrumpf) y el resultado fue muy convincente. A la fecha no se sabe con exactitud cuántos bots de este tipo existen, pero es un hecho que están activos y que en esta elección hicieron bien su trabajo.

 

¡Oh! La falsa y manipulada percepción

Aproximadamente un tercio de los tweets a favor de Trump eran producto de bots. Para Hillary, era una quinta parte. Los estilos de los dos eran distintos: los tweets generados para Trump eran muy a favor, con una marcada tendencia hacia el candidato. Los de Hillary eran más centrados, inclinándose a la neutralidad. En esta campaña se estima que un 20% de los tweets relacionados con las elecciones no fueron hechos por humanos, pero con las características de esta nueva generación de bots puede que la cifra se haya quedado corta. Lo cierto es que las tendencias serán cada vez más manipulables y más difícil de  distinguir entre lo real y lo artificial. El peligro está en que se siga analizando como verdadera una tendencia generada a conveniencia, con las características de una genuina. Las decisiones tomadas serán equivocadas y beneficiarán a quien juegue mejor sus fichas.

 

No durará mucho

Twitter tiene problemas para mantenerse a flote. Aún no ha habido quien entre al rescate pero las nuevas generaciones están mudando hacia otras redes, y si no toma medidas extremas, la referencia obligada por periodistas, políticos y líderes perderá fuerza o desaparecerá. Por lo pronto, la generalización del uso de estas medidas artificiales de influencia harán inútil el análisis de la red social, terminando por ser sólo una referencia más, y no una voz de sus usuarios. Nos quedaremos sin termómetro.

La elección del 2016 ha sido en muchos aspectos, histórica. Como usuarios de las redes sociales no debemos dejar de escribir la historia desde nuestra perspectiva, nuestras vivencias, nuestra realidad. Nuestro lenguaje y redacción es más compleja que la que pueda generar cualquier máquina, si todos participamos, haremos menos difícil la detección de bots inteligentes y la conversación ahogada será la otra.

 

Raquel Torres Peralta

@Rql_Torres

Doctora en Ciencias Computacionales

por la Universidad de Arizona

Profesora-Investigadora del

Departamento de Ingeniería Industrial de la

Universidad de Sonora

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