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Noche del Grito y los gritos

  • por

Corren Rumores

Hilario Olea

LAS ANECDOTAS DEL GRITO…Creo que vale la pena  este viernes 15 de septiembre  recordar las anécdotas que hay en torno a la ceremonia del Grito en Hermosillo, en donde sin duda destaca lo que pasó con Alvaro Obregón, cuando un grupo de maestros y normalistas le tiraron con naranjas al balcón de palacio de gobierno, y el entonces gobernador no le quedó otra que gritarle a su esposa Fernanda Hoeffer de Obregón, aquella famosa frase ¡¡¡Agáchate Fernanda!!!. Y tómale llegaron los naranjazos.  Por eso desde entonces para estas fechas ya las naranjas de la plaza Zaragoza están todas cortadas,  Esa fue sin duda la noche más memorable, pero hubo otras que vale la pena comentar, algunas que solo trascendieron en las columnas políticas.

LO DEJARON CIEGO…Una de las anécdotas divertidas fue lo que le pasó en uno de los Gritos a Armando López Nogales, a quien dejaron “ciego” con las luces de rayos laser que ese año estaban de moda.  Con eso no contaban el equipo de seguridad. Se limitaron a quitar las naranjas, pero no consideraron que todos los vendedores ambulantes  estaban ofreciendo las lamparitas laser.  Pues como si se hubieran puesto de acuerdo, justo cuando sale al balcón López Nogales la gente comienza a apuntarle a la cara con los laser y el pobre hombre no hallaba que hacer.  Se aventó de volada el grito y se metió. Claro, seguramente lo primero que pidió para bajar el coraje fue un buen jaibol.  Porque dicen, no me consta, que era fan de una copita.

EN LA PURA CABEZA…Quien sufrió en cabeza propia las fallas de la ceremonia del Grito fue Manlio Fabio Beltrones, pues en uno de estos eventos las cosas tuvieron un final inesperado. Todo iba bien desde un principio cuando le entregaron la bandera. Salió al balcón, hizo el grito a los héroes que nos dieron patria. Terminó y regresó para entregarle la bandera al escuadrón militar. Pero cuando el abanderado le rinde honres al rango, al inclinar la bandera se quiebra el asta y le pega en la cabeza a Beltrones, quien se mantiene inmutable, ante un pobre soldado que estaba pálido y seguramente pensando que de aquí al paredón.  Discretamente le pasaron un trapo para cubrir la sangre y todo siguió normal. Pocos se dieron cuenta. Pero los que estaban ahí, pegaron respingo.

LA MEGAMENTADA…El que se voló la barda en miedo fue Guillermo Padrés.  En una de esas ceremonias del Grito cuando ya estaba enfrentado con los hermosillenses por el cobro de la tenencia y por los actos de corrupción, corrió la voz de que se estaba organizando una mengamentada de madre durante la ceremonia. En lugar de  vivas a los héroes, decían que la gente se la iba a mentar a Padrés. Entonces sus genios de imagen optaron por  pasar por la televisión la ceremonia del año anterior.  Algo que fue obvio, sobre todo por los vestidos de la primera dama y las invitadas.  Además, pusieron un corral de sillas al frente de palacio de gobierno que llenaron con empleados de gobierno, para que los gritos se quedaran atrás, hasta el kiosco. Para su alivio, si hubo una que otra mentadas, pero no la mega mentada.  Pero vaya susto que se llevó Padrés y se le veía en la cara que andaba bien apanicado.

COSTILLAS FRACTURADAS… Otra anécdota que vale la pena recordar fue lo que le pasó a Eduardo Bours en uno de los últimos Gritos.  Era cuando ya tenía diferencias muy fuertes con el alcalde de Hermosillo, Ernesto Gándara.  Ese día por la mañana fue a cabalgar como era su costumbre. Solo que ahora el caballo se le encabritó y  lo tiró, provocando que se quebrara varias costillas.  Los médicos le recomendaron que guardara reposo, cosa que pretendía hacer. Dijo que prepararan al suplente par que diera el Grito. Cuando preguntó a quien le tocaba por ley y protocolo, le dijeron que le tocaba al alcalde. O sea al Borrego Gándara. Entonces, encabritado dijo: ¡Ni madres!, yo voy.  Y así todo amolado y sufriendo tremendos dolores se presentó en el balcón. Pero el Borrego no pudo dar el Grito.

En fin, como hay que platicar, pero por eso recordemos lo que dijo el Tío Monchi,  como dijo Hidalgo,  chin chin el que deje algo.

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