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La catástrofe inducida que quisieran

 

 

 

05 agosto 2019

El Cobanaro

Por Octavio Almada Palafox

La catástrofe inducida que quisieran.

Los ciudadanos vivimos una experiencia en la forma de gobernar. Tal vez esto no se encuentre trasado en los estudios antropológicos o los de psicología social pero efectivamente los impactos de las formas de gobierno son parte de la experiencia mental de los individuos. Cada quien vive de diferente manera una experiencia de las formas de ser gobernados. La gente de menor edad no tiene muchos referentes, sus posturas y su formación lo indican. La gente de mayor edad tiene referencias muy valiosas. Pero todo se cruza. Gente mayor que ha vivido como clase media o adinerada o pobre puede tener diferentes posturas respecto al gobierno que vive. Hay gente mayor, visiblemente acomodada que se queja del gobierno actual por la forma de nutrirse comunicacionalmente y no por alguna afectación en su forma de vida. Simplemente se le induce que este gobierno tiene defectos y esas personas adoptan la opinión adversaria al gobierno sin pizca de análisis y lo hacen como mecanismo de identidad. Lo vemos en las marchas. Las identificaciones de clase. Las marchas llamadas fifí, son visiblemente de una clase social, de un estilo de vida, de un estilo de consumo. Cuando algún reportero pregunta algo en esa marcha se observa que los argumentos son los que comúnmente flotan en el ambiente televisivo, de las redes sociales. Sucede en todas las marchas. Hay opiniones inducidas y las hay generadas por inteligencia propia. Y, por supuesto, las empresas que manejan mensajes masivos comúnmente difunden las opiniones que no están mediadas por un análisis. Vivimos en la era de reiteraciones, de identidades masificadas, de experiencias brutalmente distintas que se funden en grupos.

Este sexenio será increíblemente rico en estudios de todo género. Un primer gobierno eminentemente presente en las tecnologías de la información y las de opinión. Un gobierno que vino de un espectacular y multimillonario ataque mediático, especialmente apuntado al líder y ex candidato, ahora Presidente de la República, y que pese a ello recibió la mayor votación en la historia del país. Un gobierno que está confrontando el sistema nervioso del régimen anterior, la mecánica de la información administrada, que no la de la comunicación. Y la confrontación, ese atrevimiento de tocar el status quo, tiene graves consecuencias. Lo vemos a diario, una suerte de crítica resentida, vengativa, rencorosa porque se le retiró un vaso comunicante con el presupuesto. Ahora vemos muchas empresas de comunicación tambaleándose por la anemia presupuestal y por supuesto, en su crisis viene contenida la crisis psicológica de la histeria por el abandono nutricional. Asimismo vemos el declive de muchos analistas que se la pasaban bomba en sexenios anteriores, punzantes y profundos y que ahora perdieron filo, agudeza y amplitud. Ya hay una larga fila de decadencia analítica generacional.

Evidentemente hubo una acción paralela por parte del entorno mediático afectado o alterado, por parte de grupos de poder exhibidos, con señalamientos judiciales, excluidos de las prebendas de todo el llamado neoliberalismo. Hay una inocultable reacción mediática y mucho de ello apunta a una identidad estratégica, es decir, se percibe que existe un objetivo: inducir la catástrofe.

De antemano ya vimos y vivimos muchos analistas y medios agoreros anunciando la catástrofe nacional por la llegada legítima de Andrés Manuel López Obrador. Incansables adivinos del apocalipsis no descansan en su objetivo de meter en la cabeza de todos, una fatalidad política. Día tras día se cuentan noticias falsas o noticias de contención, es decir, ocultan hechos favorables o positivos por algo que sea de ruido o distracción. En las redes sociales se vive una rudísima batalla diaria que llega a violencias inauditas. Y todo esto crea un ambiente. Un ambiente que efectivamente tiene intenciones de desestabilizar y crear tensiones máximas que lleguen a la confrontación. Todo depende de cuánto nos dejemos inducir por los catastrofistas.

Y llegamos al ejemplo semanal de esto, el anuncio, por parte de un periódico nacional que describía un ascenso sorprendente de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) que avanzó un 0.1%, entre abril y junio frente a una contracción del 0.2% en el trimestre anterior, y por encima del retroceso de un 0.1% pronosticado por analistas. Las notas económicas decían así: “La economía de México creció sorpresivamente en el segundo trimestre contrarrestando algunos temores sobre si el país habría entrado en una recesión técnica, según datos oficiales preliminares divulgados el miércoles”, dice Forbes México. Esto impulsó un tanto al peso y la noticia fue el pretexto de otra batalla mediática. AMLO sentenció: “Les falló el pronóstico a los expertos” y es cierto, entidades como Bank of America Merril Lynch y JP Morgan habían señalado que de registrarse otra contracción cuando se publicara el PIB trimestral, podría considerarse que la economía local habría entrado en una “recesión técnica”. Y esas adivinanzas no se dieron. La catástrofe inducida, por lo menos este mes no funcionó y eso quebrará la confianza de los que dictan los índices de confianza. UUUFFFF.

Recordemos que el presidente, Andrés Manuel López Obrador, quien prometió un crecimiento de la economía del 2% para este año, arremetió contra el FMI que recortó nuevamente su proyección del PIB a un 0.9%. Y veamos a los analistas, se encargaron de minimizar el hecho, ridiculizarlo, pero nunca aceptar que se rompió un ritual del mercado global de expectativas con la realidad de los productos de pronóstico de desarrollo financiero. Y en eso estamos, la lucha de las inducciones mentales en el cuerpo social que dictan un presente y futuro catastrófico en el país por así convenir a sus tácticas de control de daños electoral de los grupos de poder, de la derecha y de los ya visibles fanatismos fascistoides, y otra realidad social, la que produce esperanza, la que anuncia cambiar, las dos eminentemente proyecciones del imaginario social, los dos, deseos de clase. Todo ello girando alrededor de la realidad inmediata de los cambios que se están dando a diario desde el gobierno federal como decisiones. Decisiones que se enfrentan a una realidad cuajada de corrupción y desigualdad social.

Tome usted bandera, la expectativa de la inducción catastrofista que es producida por quienes se sirvieron criminalmente del país o la expectativa de la esperanza que va fundando su camino. Quedarse en la apatía suma para la catástrofe. Ponerse al lado de la esperanza suma para hacer justicia. Tómelo o déjelo pero eso si, estamos otra vez, en tiempos luminosos.

” La única inducción que mueve al pueblo es el del corazón” Octavio Almada

@octavioalmada1
@ElCobanaro

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