La del general Álvaro Obregón fue una figura hasta cierto punto familiar en Guaymas, En una de aquellas ocasiones, el invicto “Manco de Celaya” caminaba solitario por la plaza “13 de Julio”.
Entonces, Obregón aceptó la invitación que le hizo un “bolerito” para asearse el calzado, sentándose en una de las viejas bancas de fierro fundido y tiras de madera pintadas de verde del histórico parque. Pronto ambos platicaban entusiastamente, más el niño, mugroso y descalzo, pues don Álvaro sólo lo interrogaba de vez en cuando, para provocar su plática y deleitarse escuchando sus respuestas vivas e inteligentes.
Así supo que el bolero se llamaba Manuel, que a la muerte de su padre tuvo que convertirse prematuramente en hombre para sostener a su pobre madre y dos hermanos menores, con el escaso dinero que ganaba aseando calzado en la vía pública.
Primero fue otro bolero largo, seco y moreno como vara prieta, quien interrumpió el palique, golpeando de pasada en la cabeza a Manuelito, mientras le decía
— ¡No se te vaya a olvidar, “Greñas”!
El niño casi entre dientes le repuso
–¡Ni a tí tampoco, “Setagüi”!
Luego fue otro limpia-botas chaparrito y gordo, vestido casi con harapos, quien al pasar le recomendó a Manuel:
— ¡No se te vaya olvidar, “Greñas”!
— ¡Ni a tí tampoco, “Uvari”, repuso el chico.
Muy lentamente continuaba su trabajo Manuelito, interrunpido ahora por las preguntas del general y luego por nuevas recomendaciones de otros colegas boleros que al pasar le espetaban:
— ¡No se te vaya olvidar, “Greñas”!
Para todas las cuales, siempre tuvo la misma respuesta:
— ¡Ni a tí tampoco… “Rengo”, “Sapo”, “Mocos”…!
Al fin, Obregón convencido de la viveza del bolero, y conmovido por la dureza de su vida, la que enfrentaba con decisión de hombre maduro, le comunicó:
— Mira Manuelito, tú eres un chamaco muy inteligente, muy listo. Tu lugar está en una escuela. Estoy seguro que con preparación llegarás a ser un hombre útil, un ciudadano valioso…
— Pues sí general, pera la escuela no es para los pobres como yo -interrumpió-
— Ahora mismo voy a dar instrucciones a las autoridades locales para que le fijen una pensión decorosa a tu madre y así puedas asistir con desahogo a la escuela… ya verás como vas aprender cosas interesantes… te voy a encargar con el profesor Dworak, y antes de lo piensas serás abogado o médico.
En una pequeña agenda de bolsillo, el general apuntó el nombre y la dirección de la viuda, datos que le proporcionó el muchacho con los ojos húmedos por la emoción.
— Bueno, Manuelito, pero ahora me vas a platicar del jueguito ese de no se te vaya olvidar que traes con tu palomilla, le interrogó don Álvaro.
— Este… es que… me da pena contarle general…
— ¿Por qué pena…?
— ¡Es que es una leperada, mi general!
— Anda…Anda… platícame que al fin los dos somos hombres y yo me sé todas las leperadas del mundo -le repuso Obregón con una risita pícara y bajando la voz, como invitándolo a la confidencia-
— Bueno mi general… le voy a decir porque usted lo ordena, pero… cuando… cuando me dicen no se te vaya olvidar, me quieren decir, no se te vaya olvidar… no se te vaya olvidar ir a chingar a tu madre… y… y… pos yo les respondo ni a tí tampoco, explicó Manuelito, mientras guardaba trapos, cepillo y grasa con la cabeza gacha sobre el cajoncito de madera, para eludir la mirada de su interlocutor.
La carcajada de Obregón, alegre y sonora, voló a confundirse con el escandaloso canto de los chanates que plagaban los viejos “yucatecos”.
— ¡Ah que chamacos cabrones!, dijo mientras se ponía de pie, y le extendía al chico dos moneditas de $2.50 oro nacional. Luego se despidió sin palabras, mesando el pelo sucio y largo del bolerito, con su mano única.
El niño, sofocado por la emoción, apretaba con fuerza aquella fortuna con su manecita sucia de grasa, y en su alma, la promesa que le hizo, ni más ni menos que El Hombre Fuerte de México.
— ¡General…! gritó de pronto Manuelito con ansiedad, pensando en la prometida pensión para su madre
Obregón se detuvo como a unos veinte metros de distancia ya, y por toda respuesta volteó la cabeza…
— ¡General… no se le vaya olvidar…!
El Jefe de los Ejércitos Constitucionalistas, trémulo el bigote entrecano, repuso:
Usamos cookies para mejorar la experiencia del usuario. Al continuar navegando, acepta el uso de cookies. Puede obtener más información y gestionar su experiencia en el botón de configuración de cookies.
This website uses cookies to improve your experience while you navigate through the website. Out of these, the cookies that are categorized as necessary are stored on your browser as they are essential for the working of basic functionalities of the website. We also use third-party cookies that help us analyze and understand how you use this website. These cookies will be stored in your browser only with your consent. You also have the option to opt-out of these cookies. But opting out of some of these cookies may affect your browsing experience.
Necessary cookies are absolutely essential for the website to function properly. These cookies ensure basic functionalities and security features of the website, anonymously.
Cookie
Duración
Descripción
cookielawinfo-checkbox-analytics
11 months
This cookie is set by GDPR Cookie Consent plugin. The cookie is used to store the user consent for the cookies in the category "Analytics".
cookielawinfo-checkbox-functional
11 months
The cookie is set by GDPR cookie consent to record the user consent for the cookies in the category "Functional".
cookielawinfo-checkbox-necessary
11 months
This cookie is set by GDPR Cookie Consent plugin. The cookies is used to store the user consent for the cookies in the category "Necessary".
cookielawinfo-checkbox-others
11 months
This cookie is set by GDPR Cookie Consent plugin. The cookie is used to store the user consent for the cookies in the category "Other.
cookielawinfo-checkbox-performance
11 months
This cookie is set by GDPR Cookie Consent plugin. The cookie is used to store the user consent for the cookies in the category "Performance".
viewed_cookie_policy
11 months
The cookie is set by the GDPR Cookie Consent plugin and is used to store whether or not user has consented to the use of cookies. It does not store any personal data.