Sonora .- Para los creyentes católicos, este fin de semana, que inicia el 4 de octubre, quizás desde la noche previa, es una fecha importante porque se celebra, se venera, se festeja a San Francisco Javier, un misionero de la Compañía de Jesús que llevó el evangelio a Asia y que nunca estuvo en México.
No obstante, su popularidad y fama llegó a la Pimería Alta, al noroeste de México, a las tierras áridas de Sonora con la presencia del también jesuita Eusebio Francisco Kino, fundador de las misiones del norte de Sonora y del sur de Arizona, en Estados Unidos.
El sitio específico para la veneración y las fiestas patronales de este santo es, el hoy, Pueblo Mágico de Magdalena de Kino, ubicado a alrededor de 245 millas con la frontera de Nogales, Arizona. San Francisco Javier se ganó el agradecimiento eterno y heredó esta adoración a miles de sonorenses, luego de haber enfermado de gravedad y encomendarse a él para sanarlo. En razón de esto, Eusebio Kino, se agregó el nombre de Francisco.
El santo, vestido con un hábito de color negro, o café oscuro, tiene su propia capilla junto a la de Santa María de Magdalena, en el corazón de esta población sonorense. Su presencia no pasa desapercibida, es una figura del tamaño de un hombre real, recostado al centro de su lugar de adoración. Está rodeado de bancas donde la gente medita, reza, agradece milagros concedidos y pide haciendo promesas de pagar por los mismos.
Desde días antes, en los alrededores de la población se ven los grupos de personas que llegan caminando a adorarlo; los peregrinos llegan a pie, a caballo, en moto; desde Terrenate, desde Trincheras, desde Hermosillo, desde Estados Unidos. Algunos, incluso, con el atuendo similar al que tiene San Francisco, hombres y mujeres agradecen y pagan su manda (promesa) una vez que obtuvieron lo que deseaban.
Hay quienes hacen peticiones por su salud o la de alguien de su familia, para que alguien salga de prisión, para obtener “los papeles” con la ciudadanía en Estados Unidos; también hay quienes piden para tener un trabajo, una casa, o simplemente heredan la fe de alguna persona cercana y continúan con la tradición de visitarlo cada año.
Si no lo levantas es que no le tienes fe
En la visita a este santuario hay rituales o costumbres que la gente practica e imita por generaciones; mientras se hacen largas filas para llegar a donde se encuentra; pueden pasar horas que se ofrecen también como penitencia bajo el sol, en silencio, rezando, llevando música para alegrar a “San Francisquito”, o que se aprovecha para comer un taquito paseado para mitigar el hambre, el cansancio, el calor.
También hay quien deja a otras personas haciendo fila y se da una vuelta por los puestos de la plaza donde se venden dulces típicos, artesanías, recuerditos, cobijas, globos, paletas heladas, aguas frescas, comida; aprovechan para comprar fruta de la región -y de la temporada- como membrillos, granadas, bellotas; o dulces típicos de Sonora como los ponteduros, que son palomitas de maíz pegadas con miel de piloncillo formando una bola de sabor dulce y pegajoso; también hay quienes se toman o venden fotografías.
Un elemento más, característico de las fiestas de San Francisco en Magdalena de Kino (porque también hay este santo en una iglesia de Tubutama y en varias de Hermosillo) es la venta de unos listones satinados de muchos colores que son parte de la tradición de visitar a San Francisco en su día, o sus días. Se llaman “medidas”, existen desde el siglo pasado y quienes las compran y regalan, acceden a un tipo de amadrinamiento con quien la recibe, porque están benditas. Se colocan atadas a una mano o al cuello como una prenda de gran valor sentimental. Si se tiene noción de esta costumbre antiquísima.
Por supuesto que en esta festividad también se busca, y se encuentra, la imagen del santito para bendecir y llevar a casa, ya sea en estampitas, rosarios, escapularios, cuadros o bien, en una cajita de vidrio, acostado, con su traje oscuro y sus manos entrelazadas sobre su pecho.
Una vez que se llega al espacio donde está San Francisco, comienza el reto, la prueba de fe; la competencia. ¿En qué consiste? Hay personas que intentan levantar a San Francisco con una mano o con las dos, desde su nuca, desde su espalda. Hay quienes lo logran y sonríen, porque eso demuestra su fe, según la creencia popular.
Quienes lo intentan y no pueden levantar al santo, alegando que pesa como si fuera de piedra, pueden ser señalados como faltos de fe, o que San Francisco “no los quiso”.
Otras personas no hacen el esfuerzo de levantarlo, pero sí se persignan frente a él, lo tocan, besan sus manos, sus pies, su frente, todo esto en un ambiente colectivo de personas que no dejan de llegar de todos lados.
En esta visita también se pueden encender veladoras, obtener agua bendita, pasar a la capilla contigua a escuchar la misa; antes o después de pasear por la gran kermés que se forma en torno a la festividad. Mientras las personas saludan a sus conocidos, hacen nuevas amistades o conviven con gente que tal vez nunca volverán a ver.
En la plaza suena la banda, la música norteña, los niños corren, gritan, lloran; los devotos se acercan con el sombrero en la mano en señal de respeto, arrastrando las espuelas, sacudiéndose el polvo con el que se cubrieron en el camino.
Cambio de fecha
Un detalle curioso sobre esta festividad es que, los días que hacen las fiestas a San Francisco Javier, en realidad, en el calendario están dedicadas a San Francisco de Asís, el santo a quien se recurre, entre otras cosas, para pedir por la salud de los animalitos. El 4 de octubre es el día de San Francisco de Asís. El día de San Francisco Javier es en diciembre.
Son muy diferentes en su apariencia: San Francisco de Asís no está acostado; está de pie, su atuendo es de un color café más claro, y las imágenes que lo escenifican, lo hacen lucir con poco cabello y una paloma, o algún animal a un lado suyo. San Francisco Javier, en cambio, tiene el cabello largo.
El motivo por el que se cambia la fecha de la celebración, viene de más de 70 años atrás. Desde entonces data la popularidad de San Francisco Javier; desde hace casi un siglo, sus devotos se han acercado a Magdalena, no la que conocemos ahora, sino una población en la que la gente se postraba a un lado del río, que no está muy lejos, o bajo un árbol, para esperar su turno y venerar al santo. Algunos llevaban a sus niños a bautizar, o a presentarlos en agradecimiento por tenerlos.
En el pasado, algo que también era distinto en esta región de Sonora eran las condiciones climáticas, para que la gente pernoctara, con sus niños, con personas mayores y tal vez con alguna enfermedad; diciembre era muy frío. ¡Y decidieron mover la celebración para octubre!, quedando marcada la fecha en la creencia popular. De hecho, hay muchas personas que no conocen este cambio, aunque vayan cada año a vivir la festividad que ahora incluye bailes populares y la llegada de tours, con propios y extraños conviviendo con el mismo objetivo.
Fuente/Reportero: Conecta Arizona.

