El presidente Andrés Manuel López Obrador trajó a tema cuando paró la comitiva presidencial en su visita a Badiraguato, Sinaloa, para saludar a la mamá del Chapo Guzmán. Se justifició diciendo que no tiene nada de que avergonzarse por haberla saludado, porque fue para que le entregara una carta donde pedía su ayuda para lograr un mejor trato para su hijo en la cárcel americana. Cierto, a lo mejor no hay complicidad, pero si se presta para comprar el trato que se da a ciertos mexicanos. El presidente se ha negado a recibir a niños enfermos de cáncer y sus padres, a quienes acusan incluso de golpistas. Pero se para su carro y se baja a saludar a la mamá del mayor capo de México. No cabe duda que hasta en esto hay clases.

