En la marcha del domingo, coros de voces comenzaron a gritarle al presidente en el Zócalo, ¡Reelección, reelección, reelección! Y les dijo que no. Que era maderista y convocó a la no reelección. Pero tras ver el apoyo que lograron movilizar, sin considerar el costo, el pensar en la continuidad resulta demasiado tentador. Por lo que no hay que perder de vista lo que sigue en materia electoral. Recuerden que el presidente suele cambiar de opinión y juega de acuerdo a las circunstancias. Y bueno. La manzana y la serpiente ahí están.

