Emilio Lozoya entró al juzgado como sultán gozando de impunidad y privilegios, pero ya hartó y salió como un simple interno del reclusorio oriente. De plano la 4T se dio cuenta que este amigo es muy ojón para paloma y tras meses de ofrecer entregar en bandeja de plata la cabeza de Enrique Peña Nieto y otros 16 exfuncionarios más, solo ha sido pájaro de amplias posaderas. Y la orden llegó, nada que ande fuera, ahora como criminal confeso va pa’dentro y con toy chivas. De todos modos le había durado mucho el gusto.

