La sentencia de casi 40 años de cárcel para Genaro García Luna tiene muchos mensajes y todos son sicilianos. El primero para Felipe Calderón, que haga y diga lo que que quiera, nadie cree que no haya sabido en donde andaba metido su funcionario. Esto deja en claro que la historia es como la caca de gato que se puede enterrar pero seguirá apestando. Y también para los nuevos gobiernos mexicanos, de que los gringos no se tentarán el alma para fabricar chivos expiatorios, aún aquellos a los que hayan premiado. De modo que ya saben, más vale que se porten bien, porque si traen cola se las van a pisar.

