Con la aprobación de la Supremacía Constitucional cayó la última trinchera para el equilibrio de poderes en México. Ahora, como pasó en el siglo pasado, el dueño del poder total será el presidente en turno, sobre todo cuando tenga control del Congreso de la Unión. Ahora ya no se pondrá detener lo que se apruebe en el Congreso, así sea catastrófico y perverso para el país. Todo porque tienen mayoría y con eso es suficiente para reformar la Constitución como se les pegue la gana. Cayó la última trinchera.

