Hay que reconocer que los ministros de la Suprema Corte de Justicia son valientes, porque sabían que si le daban palo al Plan B de la reforma electoral de López Obrador, con la que pensaba tomar el control de las elecciones del país, serían víctimas de un linchamiento mediático y político, tal y como empezó ahora y seguro veremos en las mañaneras de los siguientes días. Por suerte los ministros se mantuvieron firmes y no quisieron pasar a la historia como cómplices de un gobierno que tiende a ser autocrático y copia de otros como los de PRI del siglo pasado o los de Porfirio Díaz.

