La salida intempestiva de Olga Sánchez Cordero de la Secretaría de Gobernación resulta muy misteriosa, porque fue sin decir agua va. Pone la renuncia y en la tarde está en el Senado para recuperar su escaño. Ricardo Monreal le da la bienvenida antes que el presidente López Obrador le dé la despedida. Aquí hay gato encerrado, y como dice Muñoz Ledo, no la corrieron, se fue porque ya no aguantó más. ¿Será?
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