
28 febrero 2019
Agencias .- El sol de medianoche, un fenómeno solo ocurre en zonas polares -círculo polar ártico y círculo polar antártico- consiste en disfrutar 24 horas de sol continúas durante unas pocas semanas al año.
Y aunque se trata de una situación natural en esas latitudes, la realidad es que puede tener diversos inconvenientes asociados para el ser humano.
Un insólito efecto secundario fue el que sufrió un australiano de 29 años que practicaba turismo de aventura en Groenlandia durante las semanas previas a la época de sol de medianoche.
Durante su viaje, exprimió rodajas de limón para mezclarlas con el agua de su cantimplora y enriquecerla con vitamina C.
Gotas de jugo salpicaron sus manos y más adelante, al no encontrar manantiales, usó el agua que preparó agua para lavárselas.
Este episodio no tendría importancia alguna si no fuera por el hecho de que dos días después este hombre encontró pequeñas lesiones moradas en sus manos.
Sufrió una fitofotodermatitis, según el caso publicado en el BMJ Case Reports.

Las lesiones amoratadas pasaron a convertirse en ampollas de pus, las cuales asociaban ardor y picazón.
Posteriormente, el paciente describió una sensación de “piel de zombie putrefacta”.
Cuando acudió al hospital a recibir atención médica, se pudo llevar a cabo el diagnóstico de sus males. Las ampollas se habían producido a causa de una reacción química a partir de un compuesto sensible a la luz presente en el jugo de limón.
Al entrar en contacto con los rayos ultravioleta (UV) del sol de medianoche, produjeron la dermatitis o inflamación de la piel.
Así se describe la fitofotodermatitis: “fito” (planta), “foto” (luz)) y “dermatitis” (inflamación de la piel).


