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El vecino nazi y la inacción de México

 

 

Andanzas

 

Por Marcela Alvarado

El vecino nazi y la inacción de México

Dentro de seis semanas tomará protesta como presidente de EU el republicano Donald Trump, una combinación entre el espíritu nazi de Hitler y lo bravucón de Fox.

Curiosamente, uno de sus más acérrimos críticos, ese bufón que tuvimos por presidente en México de 2000 a 2006, parafraseando a Juan Gabriel “se parece tanto a Trump”. La promesa fácil, la política de arrabal, la bajeza, la ofensa que va más allá de la clásica descalificación del contrincante.

El panista Vicente Fox se propuso “sacar al PRI de Los Pinos” y lo consiguió. Carismático, sí, pero imprudente, grosero, inmaduro. Un chamaco grandote sin educación. Cumplió su propósito, pero luego no supo qué hacer, el cambio que por arte de magia muchos creyeron que sucedería, obvio, no fue tal.

Donald Trump también basó su campaña en el ataque frontal, su discurso divertía a muchos, era “funny”, el payaso. Pocos lo tomaron en serio, hasta que subió en las encuestas y el desenlace, desafortunado no sólo para México sino para muchos otros países llegó. Ese señor que tantas ofensas profirió contra los nuestros, ganó.

En ambos casos, el Partido Republicano en Estados Unidos y el PAN en México, la mercadotecnia política estuvo dirigida a motivar a electores hartos de la pobreza, de la falta de oportunidades, con mensajes que, por supuesto movieran al elemento emotivo, pero sin el acompañamiento de un verdadero proyecto de nación.

Barack Obama logró lo impensable también en su momento con su slogan del “Yes, we can” -el sí se puede mexicano-, que un afroamericano llegara a la presidencia del otrora país más poderoso del mundo. Su mayor éxito fue el uso de las redes sociales, sentando precedente para que se adoptaran estas herramientas de comunicación en las campañas políticas.

Pero no cumplió las altas expectativas que generó, pese a que fue reelecto. Habrá que reconocer que la primera dama Michelle Obama jugó un papel esencial para mantener la popularidad de su esposo y la esperanza de que ahora sí vendría el repunte para los estadounidenses que viven en la medianía. Pero tampoco.

Peña Nieto, inmóvil

Ante la innecesaria visita a la que invitó el presidente de México, Enrique Peña Nieto a Trump y que le costó un sinfín de críticas dentro y fuera de nuestro país, cada que tenía oportunidad trataba de justificar el hecho, después pasó a reconocer que fue un error y luego, una vez con el triunfo del nazi, no faltó quiénes dieran reversa a sus opiniones iniciales.

Como bien apuntara la periodista Denise Dresser, para enfrentar al poderoso magnate, “México tiene primero que limpiar la casa, limpiar Los Pinos. No se puede ser eficaz con un presidente con sólo el 26% de aceptación”.

Y el problema no es sólo la ínfima aceptación de Peña Nieto, la más baja en la historia para un Presidente de la República desde la era de las encuestas. Hay otras agravantes. No se percibe que alguien de su gabinete tenga el ‘expertise’ y menos la habilidad política o mínimo el carácter para mediar ante lo que viene.

Michael Pence, quien asumirá la vicepresidencia no es menos peor que Trump. Es un ultra conservador que ya amenazó con que verá la manera de que México pague el famoso muro, en una especie de condicionante para mantener el Tratado de Libre Comercio, mismo que además ya anunciaron uno y otro, que buscarán renegociarlo.

Urge que alguien despierte a Peña Nieto, que le diga que ya es hora de delinear un plan estratégico, en lugar de esperarse a reaccionar. Si Trump está decidido a priorizar las medidas proteccionistas, ¿por qué no hacer lo propio en México?

Decía Albert Einstein que “si buscas resultados distintos, no hagas siempre las mismas cosas”. La llegada de Trump es una oportunidad para que México salga adelante, con sus propios medios y apostándole a acuerdos comerciales con otros países.

Recurrir a algunas medidas proteccionistas también. ¿Por qué no? Los expertos sabrán más de eso, pero no puede permanecer inmóvil. Obligar a los grandes caciques a modernizar su producción, capitalizar a los pequeños productores, destinar más recursos a la educación, en lugar de condenar al país a la ignorancia.

¿Peña Nieto pondrá la otra mejilla, invitará al vecino nazi y bravucón a que venga a ofendernos en nuestra propia casa otra vez? ¿O saldrá de su zona de confort y su letargo para darnos una sorpresa y evitar que como su popularidad, la economía, la cohesión social de por sí ya tambaleante y la seguridad se vayan por el caño?

Esperemos que no. Que, contrario al presidente municipal de Hermosillo, Manuel Ignacio Acosta, quien tuvo un año para definir un plan sobre el uso del agua tratada y que prefiere desperdiciarla, tirando al cauce del río lo que costará 16 millones de pesos mensuales, esperemos que Peña Nieto se faje los pantalones por México.

 

Hasta el próximo miércoles.

Maestra en Ciencias Sociales con especialidad en Políticas Públicas por El Colegio de Sonora y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora.

Twitter: @sonora70

 

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