Vaya realidad a la que ahora se enfrenta Emilio Lozoya, quien por año y medio vivió como testigo protegido y por lo mismo con todos los lujos y privilegios. Pero al no cumplir hartó a la Fiscalía y a la presidencia y ahora es un reo más. Se acabaron los lujos, aunque con dinero puede seguir teniendo privilegios en el reclusorio oriente. Pero ya no será lo mismo. Quien le manda no cumplir lo ofrecido. Así paga el diablo.

