‘Sense8’ vuelve con el merecido final que estuvo a punto de no tener

       

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Agencias .- El 2 de junio de 2017 los fans de Sense8 se llevaban una decepción. Netflix anunciaba que habían cancelado la serie a pesar de ser “arriesgada, emotiva, maravillosa, valiente y directamente inolvidable”, como diría la vicepresidenta de contenidos Cindy Holland. Era un ultraje para los abonados de la plataforma porque les habían dejado sin un final. Por esto es casi un milagro que este viernes 8 de junio se estrene un episodio especial de 150 minutos para despedir las tramas.

Sense8 era una de las apuestas más arriesgadas de Netflix cuando se estrenó en junio de 2015. Las hermanas Wachowski quisieron rodar por todo el mundo en su particular carta de amor a la humanidad y la diversidad. Utilizaban localizaciones reales y rodaban en Alemania, Islandia, Kenia, distintos puntos de los Estados Unidos, México, Corea del Sur, India y el Reino Unido. Si se le suma que estaban acostumbradas a trabajar en el cine de alto presupuesto (MatrixCloud Atlas), los rumores indicaban que no tenía tantos seguidores como su mastodóntico presupuesto hacía pensar.

Esto no impidió, sin embargo, que se convirtiera en una joya de culto para la comunidad LGBT, que no estaba acostumbrada a ver personajes homosexuales, bisexuales y transexuales en ficciones tan caras como esta. Y también era una joya de culto para los amantes de la ciencia ficción. No solamente era una serie de las autoras de Matrix sino que encima estaba co-creada por J. Michael Straczynski, el creador de Babylon 5, una serie tan barata en lo económico como ambiciosa en lo narrativo.

La cancelación, por lo tanto, era un disparo en el pie si Netflix no quería perder la admiración de estos dos nichos. El problema no era tanto que Sense8 no tuviera una tercera temporada como que no cerrase las tramas. Hasta el portal de porno xHamster quiso reunirse con las hermanas Wachowski para rodar una tercera temporada, ya que las escenas de sexo, siempre tan bonitas como tórridas, tenían muchas visitas en la web.

Miguel Ángel Silvestre, en estado de gracia.

 

Después del ruidoso enfado en las redes sociales, finalmente Netflix claudicó. El 29 de junio anunciaron que habría un episodio especial para cerrar las tramas. No solamente servía para satisfacer los abonados sino también para mantener vivo este contenido en el catálogo. ¿Cómo podían atreverse a recomendar Sense8 a partir de ese momento a sabiendas que dejaban el cliente a medias? ¿Y cómo podían tirar a la basura un contenido cuyos episodios se calcula que costaban nueve millones de dólares?

Este viernes a partir de las 9.01h, por lo tanto, nos encontramos con la guinda del pastel, una de las obras más valientes de Netflix hasta la fecha. Una historia acerca de ocho individuos repartidos por el mundo que comparten sensaciones, recuerdos y habilidades, además de mucha comprensión. Ellos son los sensates, el siguiente escalón en la evolución humana, perseguidos por una organización que quiere utilizar sus habilidades con fines egoístas, temerosos que pierdan el control del planeta ante esta especie superior.

Era especialmente frustrante la cancelación porque, después de ver estos sensates separados por miles de quilómetros, el final de la segunda temporada por fin les colocaba en el mismo sitio y al mismo tiempo, decididos a acabar con la organización que les quiere exterminar. Era el momento de rematar una historia sobre el amor libre, la identidad sexual, la libertad, la represión y sobre todo de la necesidad de empatía, de esforzarse por comprender al otro, aunque tenga otras preferencias sexuales, pertenezca a otra cultura o simplemente tenga otro carácter.

Ahora, por fin, podemos despedir personajes tan memorables como Lito, el actor español afincado en México interpretado por Miguel Ángel Silvestre, y cuya relación con su novio y con su mejor amiga era un necesario alivio cómico. También el amor imposible entre Wolfgang (Max Riemelt) y Kala (Tina Desai), separados por la lealtad cultural de ella y el turbio estilo de vida de él. También la química entre Nomi (Jamie Clayton) y Amanita (Freema Agyeman). ¿Y quién no quiere saber si la temible Sun (Doona Bae) tiene el final feliz que se merece?

Wolfgang y Kala, un amor imposible.

 

150 minutos de tensión, de momentos oníricos, de sexo, de amor y de belleza. Esto es lo que promete Sense8. Y sobre todo la sensación de cierre que los fans (y abonados que pagan religiosamente su cuota cada mes) y el equipo de la serie se merecían.

Es una historia sobre el amor, la identidad sexual, la libertad y sobre todo de la necesidad de empatía.

Fuente / Reportero: La Vanguardia.

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