Connacionales, ni de aquí ni de allá

       

Andanzas

Por Marcela Alvarado

Connacionales, ni de aquí ni de allá

Para muchos indocumentados, México ya no es su patria. Prefieren irse a Canadá o volver a enfrentar los riesgos de cruzar ‘de mojado’ a Estados Unidos.

No es lo mismo que los jóvenes vayan en busca del “sueño americano” y trabajen en franquicias de comida rápida o restaurantes y que el dinero les alcance para comer, vestir y tener un techo, que por un empleo similar en nuestro país a duras penas les da para aportar algo a su casa, porque no es suficiente para vivir por su cuenta.

Qué decir de las mujeres y los hombres del campo. También prefieren muchos de ellos soportar el ser blanco de abusos, de discriminación, pero a cambio de un ingreso que les da hasta para enviar a México y vivir mejor que en sus lugares de origen. Son quienes, de hecho, contribuyen en gran medida a mantener la economía de nuestro país. Irónico, ¿no?

Todos conocemos a alguien, un amigo, amiga, familiar que ha emigrado a Estados Unidos en busca de una mejor calidad de vida y sí, muchos de ellos lo han conseguido. Dejaron atrás su nación, allá tuvieron familia, allá han estudiado sus hijos.

Muchos indocumentados que con los años pudieron adquirir la ciudadanía estadounidense o la residencia legal, se resisten a aprender inglés, aunque sus hijos lo dominen a la perfección por ser nacidos en el vecino país. Los abuelos, los padres y madres se tratan de apegar a sus raíces, a la comida mexicana, a las costumbres.

Pero no es lo mismo la nostalgia o pasar una temporada de vacaciones en México que visualizarse de regreso, para quedarse a vivir. Al menos, para quienes están en riesgo latente de ser deportados, por haber cometido algún delito, así sea una infracción de tránsito o simplemente, por no contar con “papeles” de estancia legal.

La incertidumbre de volver

Al presidente de México, Enrique Peña Nieto se le ha exigido por todos los medios y desde todas las voces, que delinee una política pública que vaya en rescate de esos mexicanos que volverán a un país del que salieron por la falta de oportunidades y que sigue igual o peor, en algunas regiones.

La tibieza del mandatario es evidente. La percepción que generan sus declaraciones, sus gestos, son los de un hombre arrinconado, temeroso, sin saber por dónde empezar ni qué hacer. Peor aún el titular de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, un funcionario que demostró su incompetencia en la SHCP y fue premiado con el cargo al que llegó “a aprender”, según él mismo dijo.

Mandatarios de entidades fronterizas han lanzado también la voz de alerta, porque se necesitan recursos para hacerle frente a la demanda de servicios que se incrementará conforme lleguen más repatriados.

La gobernadora Claudia Pavlovich ha puesto sobre la mesa la importancia de apoyar a los menores no acompañados que son deportados, al ser los más vulnerables de todos.

Los gobernadores de Baja California, Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas y Sonora vía la Conago han signado acuerdos y han expuesto a los funcionarios de EPN una serie de propuestas. Pero no se ve la voluntad del gobierno federal, no pasa del discurso y de lo mediático, como esas imágenes que se difundieron del presidente recibiendo a los indocumentados en el aeropuerto.

A esto se suma la incertidumbre para quienes ya hicieron vida en Estados Unidos. Volver a México no es algo que tenían en mente. Tienen que estar alertas para no ser deportados, pero implica volver a un país que ya no sienten suyo.

Una de las muestras más dramáticas de esta realidad es la tragedia ocurrida en Tijuana este martes 21 de febrero, donde un joven que tenía apenas una hora de haber sido deportado, se suicidó arrojándose de un puente peatonal.

Seguramente para él no tenía significado alguno aquella estrofa de la canción “No soy de aquí, ni soy de allá”, del cantautor y poeta argentino Facundo Cabral: ‘Después de andar las maravillas del mundo no hay nada como regresar a la patria y compartir la libertad que mi gente tan cara tuvo que pagar’.

Pese a todo, el regreso también es una oportunidad para que quienes han adquirido nuevas habilidades y han aprendido el idioma inglés y el estilo de vida de un país que respeta y hace respetar sus reglas, sus leyes, hagan lo propio aquí y no se sumen a quienes son propensos a la ‘mordida’ al policía o a buscar siempre la manera de burlar la ley.

Quienes sean deportados pueden contribuir a ser factor de cambio, si así se lo propusieran, enfocándose en lo positivo que se traen de Estados Unidos y no en lo negativo. Con todo y lo ajeno que les pueda resultar, México puede volver a ser su hogar.

Esperemos que sean las menos las familias que sean separadas en este proceso de deportaciones, en las que son tratados como delincuentes por ‘la migra’ y que México los reciba con la hospitalidad que caracteriza a las y los buenos ciudadanos.

Hasta el próximo miércoles.

Maestra en Ciencias Sociales con especialidad en Políticas Públicas por El Colegio de Sonora y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora.

Twitter: @AlvaradoVMarce

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Marcela Alvarado164 Posts

Comunicóloga con Maestría en Políticas Públicas. Asesoría en Comunicación. Columna Andanzas en Entre Todos y El Sol de Hermosillo. Madre de tres hijos perrunos.

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